Sobre Un País Llamado México

Hay un lugar donde la niebla se eleva con lentitud tras haber coronado el tupido dosel de las selvas del sur, mientras un hombre cuenta los días como las ramas de un árbol sabio y antiguo. Se calza el sombrero de palma y escucha a la distancia cómo se mezclan los murmullos en la espesura, un jaguar llama a sus crías, un mono quiebra el silencio con su grito agudo, hay aleteos. Un millón de aromas, un arroyo que se tuerce en cada raíz prodigiosa, un sol que se escurre lamiendo las hojas más altas, un camino casi invisible cubierto de piedras blancas, un pueblo que despierta en medio de una sinfonía irrepetible.

Hay un lugar donde la gente camina deprisa sin mirarse a lo ojos, entre torres brillantes y lenguas de asfalto, se hacinan en ventanillas, suspiran sobre escritorios. Viajan en infinitas caravanas de todos los colores, con motores rugiendo y silbando, observan el reloj porque a cada paso del segundero el corazón se les dilata, y a cada minuto se les comprime. Otros arrojan fuego por la boca o malabarean piedras, extienden las manos ofreciendo periódicos, se revientan la voz inaudible por el ruido. Muchos vagan sin rumbo por calles desconocidas sin detenerse nunca, el sentido de su día es encontrar un lugar seco donde dormir.

Hay un lugar donde dormitan milenarias pirámides, en sus paredes están escritas las palabras de una estirpe legendaria, una casta de héroes invencibles que podían leer las estrellas, conocían los secretos mágicos de los números, el estremecimiento de la belleza que se muestra en la poesía. Sabían que el oro vale menos que el ónix, y el ónix menos que el plumaje iridiscente de un quetzal. Amaban a la lluvia, al viento, a la luz que serpentea cada equinoccio en las elevadas escalinatas para conectar el Cielo con la Tierra, a las misteriosas fuerzas que hacen de esta vida un viaje breve… pero maravilloso. Estos hombres legaron una herencia de titanes cósmicos, inextinguible, poderosa.

Hay un lugar donde se come caviar y se bebe Champagne, ahí bailan en salones de mármol, guardan oro en bóvedas oscuras y silenciosas. Bajo la sombra descansan treinta autos europeos, uno para cada día del mes, o para cada estado de ánimo. Cuando la bolsa de valores cae, usan el negro, cuando se case el junior usarán el Bentley blanco que adornarán con tulipanes auténticos de Holanda. Han estado más veces en París que muchos franceses, han pagado colegiaturas que bastarían para construir una escuela rural. El sentido de su día, es cuánto más se puede acumular sin que precise de uso o gasto.

Hay un lugar hecho de palacios encerrado entre montañas, es el reino místico que se extiende bajo el cielo más azul que puede existir, una ciudad de piedra sobre otra de plata pura, laberíntica, como escenografías exquisitas en donde cada una oculta otra mayor. Allí se canta en las plazas, se camina despacio por callejuelas que han visto pasar los siglos y los hombres, se contempla cómo las golondrinas anidan en los faroles. En las noches, quietas y profundas, se puede adivinar en lontananza los melancólicos acordes de una guitarra, sumergida en el embrujo fantástico de las dulces sombras que cubren parques y fuentes. Aquí todos viven alimentados por un sortilegio infinito de belleza.

Hay un lugar donde quienes debieran servir al pueblo sirven sólo a sus propios intereses, donde la democracia es una palabra que se emplea como pretexto para subir otro escalón, aún pisando a quien viene detrás. Son esos pocos privilegiados, los que viven de su lengua olvidando las acciones, se acometen unos a otros como fieras rabiosas, manotean tratando de arrebatarse el premio, el poder, la falsa gloria de representar la voz de aquellos a los que nunca han escuchado, esa voz de hambre que desconocen por completo. Su vocación pareciera ser la de hilar palabras bordadas con oro, pero palabras vacías que llevan a la discordia y la confrontación sin sentido entre hermanos de sangre y Patria, a algunos incluso, no es importa aliarse con criminales sin escrúpulos que tienen por oficio evenenar niños y jóvenes; estos señores no han entendido que su trabajo debería de ser uno de los más hermosos de mundo: construir el mañana.

Hay un lugar que es a la vez todos los lugares, que alberga lo hermoso… y lo terrible, donde los sueños jamás podrán ser aplastados ni la esperanza arrancada de raíz, ésta es una tierra de guerreros, hijos de gigantes, poseedores de un corazón irreductible. Es mi País, aquí es donde en cada niño palpita un Caballero Jaguar, donde una muchacha lleva galaxias en sus ojos, donde a cada joven que se le cierra una puerta le surgen alas para volar, aquí futuro es la palabra más valiosa y México… la palabra más amada.

Nuevamente, ¡Feliz Cumpleaños Patria!.

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