Ingmar Bergman: adiós a un genio del cine

Bergman alguna vez dijo “-No suelo ver mis películas. Me pongo muy nervioso y a punto de llorar… Y me siento muy mal-“, yo creo que no podría ser de otra manera, si el cineasta sueco en cada una de sus cintas realiza un intenso viaje introspectivo, si lleva de compañeros a la locura, el desamor, la muerte, la soledad, el miedo, la desesperanza, el dolor… el amor. Si en cada vuelta del camino ha retratado en sus planos limpios y precisos la complejidad del alma humana, si confronta las angustias más profundas de la mente hasta llegar al límite, al borde del abismo donde sólo quedan dos opciones: saltar al vacío o experimentar la redención. Por eso su obra nunca fue convencional, exige mucho del espectador, lo lleva también en esa travesía laberíntica de espejos que reflejan cosas que no se desean mirar, donde la contemplación onírica abandona en los resquicios del olvido los verdaderos rostros del ser interior. Ese es Ingmar Bergman , el genio cuya narrativa visual atrapa lentamente la conciencia, la fuerza inmanente de sus personajes siempre crea una empatía irresistible y devastadora, tan personal, que uno suele preguntarse cómo es que este cineasta es capaz de representar con tal maestría los demonios que nos habitan.

El pasado lunes 30 de julio Bergman murió en la isla de Faro donde se recluyó tras su retiro en 2003, el final ocurrió en paz y tranquilidad según sus familiares. En una de las últimas entrevistas que concedió había dicho “-Cuando era joven tenía un miedo horrible a vivir. Ahora creo que es un arreglo muy, muy acertado. Es como una vela que se apaga. No hay mucho sobre lo que discutir-“. Seguramente, como el caballero Antonius Block en El Séptimo Sello, había pactado su partida final contra la muerte, un juego que duró 89 años durante los cuales dibujó cada una de sus jugadas maestras mediante las sesenta películas que filmó.

Su vida se apagó, en vida fue reconocido con La Palma De Las Palmas, el único y máximo premio que se ha otorgado en el Festival Cannes en la categoría Mejor Cineasta de Todos Los Tiempos. Ahora, lo imagino sentado junto con Fellini, Kurosawa, Buñuel y Kubrick, conversando en un extraño idioma común de encuadres, sombra, luz, contrastes cambiantes y sueños que quedarán impresos en celuloide para la memoria de los hombres, y la gloria del séptimo arte.

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