Sobre La Arquitectura y Luis Barragán: Una Reflexión (1 de 4 partes)

Por José Óscar Pérez Castillo

Estudiante de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Guanajuato.

Las ciudades laten con un pulso propios, desorganizado y caótico; símbolo de pubertad ante la infancia rural. Alcanzan un punto en el que la crisis de la mediana edad las hace no poderse entender incluso, ellas mismas.

Las grandes urbes nacionales son prueba de ello. En gran parte atizadas por la tan maligna autoconstrucción, estas ciudades caóticas se olvidan del horizonte natural al que una vez pertenecieron, y se les seca su Chapala y se les deforesta su Chapultepec. Aunque ya nadie tenga tiempo de apreciar eso, hasta que es inminentemente notorio. La ciudad es asfalto negro y publicidad amontonada en los muros y espectaculares, tenderete de puesto ambulante o marco para el graffiti clandestino de mala calidad. La gran ciudad coronada de smog y bañada de agus negra, repleta de vivienda popular que pretende ser social, plagada de fraccionamiento nuevo que dice ser semiresidencial.

Ruido, caos y desorden.

Fomentados por la arquitectura que no ve más allá; que no atañe responsabilidades tales como marcar un cambio desde sus etapas propias de formación. La arquitectura crea un microcosmos introspecto en la ciudad del caos. Casa, edificio público, centro religioso, parque o jardín regido por el silencio que tanto se añora en tiempos de poca paz.

La función, entonces de la arquitectura contemporánea (y también la de los primeros tiempos) se vuelca en ese sencillo precepto, crear un oasis de tranquilidad, para que cada cual tenga derecho a su propio santuario de silencio. Precepto despreciado hoy en día; hoy que más se le requiere. Nos alejamos de la raíz de la enseñanza de la arquitectura autóctona, por una fiebre “extranjerista” que lo invade todo. Arquitectura de caja prefabricada sobre terreno fértil que se cubre con concreto. Tecnología sin tradición; traducido como egoísta individualismo con área “verde” (siempre café) en el camellón y cielo gris con estrellas de avión.

Barragán acierta con razón en los conceptos de su arquitectura. Aprende del pasado y lo vierte en el presente. Aprende del presente y lo aplica al pasado.

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