La Extinción Es Para Siempre

(A la memoria del último Tigre de Tasmania ¿-1936)

El Thylacinus Cynocephalus, mejor conocido como tigre de Tasmania, vió la luz en el periodo Mioceno hace 4 millones de años en el territorio que hoy conocemos como Australia, y fue una de las especies que sobrevivieron a los violentos cambios climáticos del Pleistoceno, en cambio muchas otras sucumbieron al no poderse adaptar. Para hablar sobre este animal hay que hacerlo en tiempo pasado, era un mamífero marsupial, emparentado cercanamente con los walabíes y los canguros, al igual que éstos, las hembras del tigre de Tasmania (también llamado Tilacino) tenían una bolsa o marsupio en el vientre, donde se terminaban de gestar las crías (generalmente cuatro) que nacían muy débiles y carentes de pelaje.

El tilacino fue el marsupial carnívoro más grande de los tiempos modernos, pesaba hasta 30 kilogramos, sus presas eran animales pequeños o medianos a los cuales atrapaba usando sus poderosas mandíbulas provistas de 46 dientes, que eran capaces de abrirse en un ángulo sorprendentemente amplio y le permitían engullir su comida en grandes trozos sin siquiera masticarla. Sobre su ciclo de vida y costumbres casi nada se sabe, posiblemente tenía su madriguera en cuevas y era un cazador nocturno. También se cree que estaba dotado con un olfato muy sensible y una vista extremadamente aguda, quienes pudieron verlo vivo dicen que ladraba de manera similar a un perro Fox Terrier, empero, no existe alguna grabación para comprobarlo.

Hace 3,500 años el hombre llegó a Oceanía, eran navegantes del sudeste asiático que poblaron Australia y la sureña isla de Tasmania, con ellos llegaron los dingos que son perros de origen salvaje ya domesticados, y el oscuro destino del tigre de Tasmania estaba echado. El dingo se extendió ocupando el nicho ecológico del tilacino, quien se replegó al oeste hasta la lejana región de Kimberly. Tras la llegada de los ingleses en el siglo XVIII, el tigre de Tasmania encontró una sencilla fuente de alimento atacando regularmente el ganado de los colonos, por lo que fueron considerados “alimañas peligrosas” cuyo exterminio era necesario en aras del bienestar humano.

En 1830 una compañía local ya ofrecía recompensa por cada animal muerto, pero fue hasta 1888 cuando la cacería se volvió agresiva y despiadada. Desde esa fecha y hasta 1909 el gobierno de Tasmania pagó 1 libra por cada cabeza de tilacino entregada, murieron miles de ejemplares y al año siguiente la especie fue declarada en peligro, muchos zoológicos de Europa se apresuraron en adquirir tigres de Tasmania a precios muy elevados. En 1933 se logró capturar un macho en Florentine Valley que fue vendido al Hobart Zoo de Tasmania, se trataba del último tigre de Tasmania que la humanidad habría de conocer. Este tilacino murió en cautiverio el 7 de septiembre de 1936, hasta entonces fue declarado especie protegida y se creó una cátedra en la universidad para estudiarlo, pero la naturaleza no perdona. Después de 50 años sin pruebas de vida, la especie fue declarada extinta en 1986.

El tigre de Tasmania se convirtió en un número más de la alarmante cifra de especies que desaparecen en un doloroso silencio, víctimas inocentes de lo que convenimos en llamar “progreso”, relegados injustamente por quienes nos ufanamos de ser la “Máxima creación de la naturaleza”. Es precisamente a la naturaleza a quien escupimos diariamente poniendo precio a la vida de los jaguares de la selva Lacandona, cuando vitoreamos como si fueran héroes a carniceros vestidos en traje de luces que torturan bureles en un ruedo, al ignorar la dolorosa herida de un arpón al costado de una ballena azul, cuando “lucimos” abrigos empapados con la sangre de miles de focas, cada vez que vomitamos la inmundicia de nuestra civilización en mares y ríos, al contemplar impasiblemente la irreversible agonía del Amazonas, al demostrarnos nuestra innata y abominable capacidad de destruir más rápido y mejor, aún a nosotros mismos.

Precisamente en este momento, en la profundidad de un bosque, en la cima nevada de una cordillera, en la bruma selvática, en el estuario de un río, en altamar, en el denigrante confinamiento de una jaula de circo, en el patio de tu casa… alguien muere sin saber que ostenta el triste título de ser el último de su especie, el último que tuvo a bien regalarnos su compañía en este tercer planeta del sistema solar, el último que elevó con curiosidad su mirada a las estrellas, el último. Después de eso no hay vuelta atrás, ni ciencia ni arte, ni deseo ni religión que pueda regresar a la vida a una especie desaparecida.

Como un recuerdo que lastima la conciencia colectiva del género humano, están las imágenes que ilustran este artículo, son de un animal hermoso que jamás volveremos a ver en libertad, oteando silenciosamente los parajes australianos bajo la luminosa noche austral. Se fue también silenciosamente, sin pedirnos explicación de su destino, sin cuestionar su prematura muerte tras cuatro millones de años de sobrevivir con las armas que la naturaleza le dió. Simplemente se fue, como se fue el dodo, como se fue el leopardo nubado, como se fue el lobo mexicano, como se irán muchos otros, arrastrados inexorablemente por la vorágine de la modernidad, sin opción alguna de luchar por su salvación, sin objetar su exterminio.

El tigre de Tasmania hoy día sólo puede verse en los museos, lo protegen frías paredes de cristal, su cuerpo huele a formol y tiene una posición rígida, en sus ojos de vidrio no refulge esa vitalidad que lo caracterizaba, no respira, es sólo un remedo, una caricatura burda, no tiene un corazón, ni sangre, está muerto. Quizá ese es el futuro que tanto tiempo nos hemos negado a ver, es el destino final provocado por nuestra intervención totalitaria y siniestra sobre el curso de nuestro planeta, en contra de las leyes mismas de la vida y de la muerte, de la selección natural. Probablemente habrá que fabricar muchas vitrinas, cientos, miles, millones de millones, habrá que convertir la Tierra toda en un museo inmenso o acaso en un inmenso mausoleo. Nos sentaremos entonces sobre las ruinas de nuestra estupidez, enalteceremos la civilización construida sobre los restos del árbol de la vida, y será tarde para buscar excusas, para pedir perdón, para redimirnos por el más indignante de los crímenes que habrán de cargar nuestros hijos y las generaciones venideras. Tal vez después podremos morir en silencio, como el tigre de Tasmania.

Desde hace 70 años, muchas personas aseguran haber visto en remotos parajes de Oceanía la sombra fugaz de un tigre de Tasmania, pero jamás se ha podido comprobar tal cosa, yo creo que es el fantasma de toda una especie que viene a recordarnos que la extinción es para siempre.

Observa este video, mira ese animal a los ojos… ¿no tienes algo qué decirle?

Observa este video, mira ese animal a los ojos… ¿no tienes algo qué decirle?

Observa este video, mira ese animal a los ojos… ¿no tienes algo qué decirle?

Anuncios

4 comentarios en “La Extinción Es Para Siempre”

  1. Realmente estoy conmocionado, se me fueron las lágrimas por tristeza de saber que somos tan despiadados. No tenemos derecho alguno de considerarnos lo máximo de la creación, siempre he dicho que la inteligencia del ser humano es la enfermedad del planeta.
    Aún es tiempo de convertirnos en seres afines con la naturaleza, no hagamos mas daño! es hora de empezar a amar a todo lo que nos rodea. Seamos coherentes a la hora de tomar desiciones, no es justo que por un puñado de egoístas que solamente defienden sus cochinos intereses, el resto de la creación tenga que sufrir las consecuencias.
    alebreira@hotmail.com
    Quito – Ecuador

  2. Estimado anónimo:

    Aún estamos a tiempo para evitar que otras especies maravillosas corran la misma suerte.

    Gracias por tu visita y tu comentario

  3. Es realmente triste, era precioso y se merecia vivir, no habia derecho a llevarlos a la extincion y deveria de ser mas importante para que la gente se concienciase, esta ha sido la primera vez que he visto un ejemplar en movimiento y me ha encantado. gracias a la persona que lo puso aqui donde todos podemos verlo y recordar el daño que estamos haciendo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s