Borges: a 20 años de su -lento crepúsculo-

Un día como hoy, de hace ya veinte años la vida de Jorge Luis Borges se extinguió, tal como había pasado con su vista durante tres décadas. Estaba en Ginebra, lejos de su Argentina, en un autoexilio del que no habría de regresar. No hay algo que yo pueda agregar a los miles de estudios de su obra, a la enorme lista de páginas Web que hoy enaltecen la memoria de quien escribió algunas de las más importantes obras de la lengua española. ¿Qué podría decir de alguien que a los siete años redactó un resumen de la mitología griega y escribió su primer cuento? ¿Que a los nueve tradujo El Príncipe Feliz de Wilde?

Definitivamente muy poco, acaso una simple apreciación intimista, porque pretender otra cosa le corresponde a más altas y mejores inteligencias de la que se me dotó al nacer. Mejor que Borges hable por si mismo.

Borges y Yo

Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.

No sé cuál de los dos escribe esta página.

Asì es, me quedo con mi apreciación intimista ¿insignificante? de que Borges hace veinte años se perdió en el laberinto cósmico de su prodigioso pensamiento.

Si deseas escuchar Borges y Yo en la voz de su propio autor, descarga el archivo Mp3 haciendo click AQUI .

si la descarga no está disponible escríbeme a azulaustral@gmail.com para enviarte el archivo

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