¿Cuántas vidas para un abrigo?

(A La Memoria De 350,000 Crías de Foca Arpa)

Michel Vandebosh, presidente del Grupo Defensa Animales Bélgica, viaja todos los años al Golfo de San Lorenzo en las costas de Canadá, como parte de un gran grupo de observadores internacionales que se oponen a la matanza de crías de focas arpa. En 2004, horrorizado por la carnicería declaró: “Es muy bárbaro, a ellos (los cazadores) no les importa, fui con una foca sobreviviente y le dije: perdónanos por ser inhumanos, tuve que pedirle perdón por lo que estos humanos le están haciendo a los animales. Yo pensaba que Canadá era uno de los países más civilizados del mundo, y lo que vi hoy es lo contrario a la civilización”, dijo Vandebosh al reportero Guillermo López Portillo de la cadena Televisa.

La foca arpa (Phoca Groenlandica) es un mamífero marino que vive en el Océano Glacial Ártico, se le llama así porque los adultos tienen una mancha sobre el lomo parecida a un arpa. Viajan en grandes grupos a las costas de Terranova y El Labrador para dar a luz, por lo que los gigantescos hielos flotantes se transforman en una guardería. Es un espectáculo maravilloso ver la crianza de los bebés, de apenas una o dos semanas, a esa edad aún no pueden nadar, su piel es muy suave y necesitan alimentarse para generar la gruesa capa de grasa que les protegerá del intenso frío. Por supuesto no esperan que, de un momento a otro, aparecerá un enjambre de cazadores “legalmente autorizados por su gobierno” armados con hakapiks, un palo largo que en el extremo tiene un garfio muy filoso. El procedimiento es golpear a los animales con estas herramientas hasta dejarlos agonizantes para luego desollarlos aún vivos, ya que si la foca está muerta cuesta más trabajo quitarle la piel. Todo ocurre con una rapidez pasmosa, porque a los cazadores les pagan por pieza, no por hora. Reciben el equivalente a $400.00 pesos mexicanos por cada piel.

Al final, la blancura del hielo se transforma en montones de cadáveres ensangrentados hasta donde la vista alcanza, abandonados como si fueran basura, como tirar el envase después de beber un refresco. Al gobierno de Canadá le preocupa muy poco la opinión internacional. “Yo pienso que en realidad estamos orgullosos de la forma como manejamos las focas, porque la población de focas está a niveles récord, es la mayor población de focas en el mundo, está bien manejada, la población de focas se ha duplicado desde 1980”, dijo Roger Simon, de la Oficina de Pesca y Océanos de ese país. Yo creo que con un pretexto semejante, también tendríamos que justificar genocidios y guerras, porque la raza humana es también sobrepoblación.

Rusia, China, algunos países de Europa y México (para calzado) son quienes compran el producto de esta barbarie, para que en una noche glamorosa de pasarela hollywoodense, gente estúpida e inconsciente como Jennifer López (el mejor ejemplo que se me ocurrió) “luzca” por única vez un abrigo de piel del mejor diseñador europeo. De poco o nada han servido las denuncias de organizaciones internacionales, grupos ciudadanos y artistas, para que termine este acto aberrante y brutal. Este año, la actriz francesa Brigitte Bardot suplicó entre lágrimas al gobierno de Canadá que no permitiera la matanza, también el ex Beatle Paul McCartney manifestó su repudio a estas prácticas de cacería, y por supuesto fueron ignorados.

Las focas arpa, como cualquier ser vivo, deberían nacer, crecer y morir en las condiciones que la propia naturaleza les ha otorgado. Pueden permanecer inmersas bajo el hielo ártico durante largos periodos, pueden nadar a gran velocidad con gracia y belleza para intentar evadir a sus depredadores naturales, soportan temperaturas increíblemente bajas, las hembras son madres dedicadas y protectoras… todo eso puede hacer una foca, porque en el delicado engranaje de la naturaleza, se ha adecuado a lo largo de cientos de miles de años para ser lo que es, una Phoca Groenlandica. Pero nada tiene que le permita enfrentar al asesino más terrible del planeta, el criminal absoluto, el Género Humano. Pareciera que los países más “desarrollados” ignoran la noble sabiduría de los pueblos antiguos, los de la selva amazónica, las tribus del África Negra, los que en pleno siglo XXI conviven en total armonía con la naturaleza, la veneran con respeto, y sólo toman lo que necesitan de ella, para vivir, y para permitir que la vida continúe.

Algunos grupos de cazadores que viven aún en la edad de piedra, se organizan para conseguir una pieza (generalmente un antílope, sólo uno) que es suficiente para alimentar, proveer vestido y herramientas a su comunidad. Una vez que la presa es herida de muerte, el líder de los cazadores abraza al animal y se unta las piernas con su saliva, luego esparce un poco de tierra sobre el cuerpo inerte, en un ritual para honrar la valentía del cazado. Es la ley natural, el camino de la supervivencia, y la verdadera civilización.

Pero en el Golfo de San Lorenzo eso no existe, se comete un ecocidio por la razón más absurda y vergonzosa que uno puede imaginar, por la moda y la vanidad de un pequeño grupo de personas que gastan sus fortunas y disfrazan sus complejos en abrigos de piel. Si esta clase de gente tuviera al menos un mínimo sentido de humanidad, si la conciencia les reclamara al menos una vez, cuando duermen, cuando posan su cabezas vacías en almohadas Louis Vuitton, después de la resaca de Moët Chandon, al menos una vez en su vida, este crimen tendría fin. Ojalá pudieran escuchar los aullidos de dolor, ojalá los despertara el chasquido de huesos rompiéndose, ojalá los atragantara la sangre, y pudieran sentir, una fracción de todo el sufrimiento de miles de seres inocentes que pasaron de ser animales hermosos, a convertirse en una multitud de despojos sobre la vastedad helada. Una frase cuyo origen ya no recuerdo, decía que No importa si los animales son capaces de pensar, lo que importa es que son capaces de sentir. ¿Cuánto vale una vida? ¿400 pesos? ¿cuántas vidas para un abrigo?

Lamentablemente, la mayoría de nosotros no quiere o no puede hacer algo, yo sólo puedo apretar los dientes y escribir este artículo o una canción, puedo con eso decir que esta masacre no me es indiferente, puedo avergonzarme de pertenecer al género humano; y al día siguiente volver al trabajo y hacer de cuenta que nada ha pasado, que las focas arpa de Canadá, las ballenas de Japón, los toros de España y México, los grandes felinos de África, la fauna del Amazonas, que las decenas de especies que desaparecen cada año fueron un sueño breve, que yo puedo estar tranquilo, que mi conciencia está salvada. No sé que le voy a decir a los hijos que quizá algún día tendré ¿les mostraré un álbum de fotografías? ¿una enciclopedia? ¿cómo les explico la belleza de un tigre de Bengala en libertad? ¿de qué manera describo el canto de una ballena jorobada? ¿cómo les digo que la extinción es para siempre? ¿cómo justifico el asesinato de 350,000 bebés?

La mayoría no tenemos el coraje de subirnos a una lancha e interponernos frente al arpón de un barco ballenero, ni de viajar a los foros mundiales para hablar y defender a los animales, nuestros compañeros de viaje en la Tierra, no somos lo suficientemente valientes para ir a Terranova y protestar por los asesinatos, no podemos abandonar nuestra vida civilizada para transformarnos en la voz, en la súplica de los que no pueden hablar para gritarnos ¡Yo también estoy vivo! ¡Soy capaz de sentir dolor como tú!, ¡Yo también tengo hijos! ¡Puedo sentir miedo!. Pero hay algunas personas que sí tienen el valor, que dedican su vida a luchar por lo que para nosotros es un hecho indignante, pero convenientemente lejano. Lo menos que podemos hacer, es aplaudir la valentía de esos pocos hombres y mujeres que cargan sobre sus hombros una responsabilidad que nos debiera corresponder a todos, debemos apoyarles en la medida de nuestras posibilidades, aunque sean la voz que clama en el desierto, aunque parezca una causa perdida, a veces sólo hacen falta unos cuantos para cambiar al mundo.

Apoya a quienes tienen el coraje y el espíritu de afrontar la formidable tarea de proteger la naturaleza en Greenpeace, Fondo Internacional Para El Bienestar Animal, y muchos otros que encontarás en este enlace .

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Un comentario en “¿Cuántas vidas para un abrigo?”

  1. Hola me llamo Marina tengo 12 años y soy ecologista.Vivo en Mallorca Islas Baleares en el pueblo de Lucmajor.Sé que no soy mayor de edad pero me encantaría colaborar en un grupo contra LA MATANZA DE FOCAS.Horrorizada me quedé, las personas que en su pecho tengan un corazón les ruego que los barcos que van por canada rompiendo el hielo, los cazadores que a unos animalitos indefensos les hacen eso es inhumano.Los cazadores no tienen corazon ni lo tendran nunca.Las vidas que se han matado para hacer un abrigo es de una cantidad horrorosa.Por qué nadie se lo pregunta tendrían que colaborar todos.¿Por qué nadie lo prohibe? ¿les da igual?.¿Sabeis lo que me gustaría hacer a mi? me gustaría pegarles con el mismo palo con en cual mataron a ejemplares tanto focas , delfines , y ahora ballenas.Que sufrieran con el mismo dolor.Asi que si en su corazon tienen un poquito de luz me gustaria que todos los que matais cazais dejenlo estar porfavor.Muchisimas gracias! Marina

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